Episodio 20: de ratas inoportunas, vecinos barbudos y amores valientes
- 13 feb
- 3 Min. de lectura
Hola hola, aventureros.
Hoy hablo desde el sofá de mi casa, con un bol de palomitas ya vacío.
¿Esperabais que me durara toda la película?
No ha llegado ni a la primera escena.

Dicen que no me he portado bien.
Que he ladrado demasiado.
Pero es que tenía mucho que opinar.
Empatía canina, se llama.
Al principio creía que todos esos perros estaban en nuestro salón.
Que venían a por todos mis juguetes.
Y, lo que es peor, a por mis chuches.
Pero luego no los olía.
Miré detrás de la tele.
Nada.
Miraba a la puerta, por si entraban por ahí...
Nada
Así que pude relajarme…y disfrutar.
Y me ha gustado mucho.
Hemos pasado buenos momentos.
Esta historia nació, en realidad, de algo bastante cotidiano:
un cachorro y la llegada de un bebé humano.
Celos. Confusión. Travesuras.
Después se añadieron las aventuras del perro vagabundo.
Y así se construyó una de las historias más famosas del cine canino.
Reina no es solo “la dama”:
Es una perrita que siempre ha confiado en sus humanos.
Y lo más bonito es que sus humanos también confían en ella.
Tiene jardín.
Tiene nombre en su collar.
Tiene un lugar claro en su familia.
Cuando el mundo cambia, no deja de confiar.
Intenta proteger su casa.
Incluso intenta cazar la rata.
Falla.
Pero lo intenta.
Y eso también es valentía.
Ahora, la rata:
Si me hubieran contratado como vecino de Reina,
la película dura seis minutos.
Rata vista.
Rata cazada.
Créditos finales.
Control de plagas eficiente. Con armadura antiratón incluida.
Me alegro de que no me hicieran el casting, porque entonces nos quedábamos sin historia.
Y hubiera sido una pena, porque es una historia llena de aventuras y de amistad…y con interrupciones románticas.
De vecinos con barba y vecinos gigantes
que vigilan desde la ventana y se apoyan al lado de la valla.
De perros de calle que comparten lo poco que tienen.

Y entre todos ellos, hay uno que cambia el rumbo de la historia.
Golfo:
Por lo visto, el que hace de Golfo en la versión real, es un perro rescatado de un refugio.Se llama Monte.
Así que no tuvo que estudiar mucho el papel.
Imagino que ya sabía algo de calle, de acción
y de improvisar sobre la marcha.
Después del rodaje no dejó escapar a su entrenador.
Eso sí que fue amor a primera vista.
Conexión Schnuggle, lo llamo yo.
La verdad es que me sentí bastante identificado con Golfo.
No es schnauzer, pero con esa barba de terrier
y esa eficacia resolviendo problemas de roedores,
le considero SÚPER colega.
Aunque tardó un poco con la rata.
Yo desde el sofá le daba instrucciones.
Estoy orgulloso de haberle guiado.
Y también está esa escena:
Dos perros.
Compartiendo un plato de espaguetis con albóndigas.
Y me pregunté:
¿Yo con quién compartiría un plato así?
Silencio. Miré alrededor.
Y entonces lo vi claro.
Una salchicha.
Elegante, deslumbrante…
Y pequeña! Pocas albóndigas deben caber en ese cuerpo alargado.
Y sin olor! Porque enamorarse de una salchicha con olor sería peligroso.
Demasiado tentador.
Pero una salchicha simbólica…eso ya es otra historia.
Amor platónico lo llaman creo.
¿Podría enamorarme de una salchicha?
No lo sé.
¿Podría protegerla sin comérmela?
Ahí está el verdadero reto.

Quizá el amor no es un beso accidental con espagueti.
Quizá es sentarte frente a algo que te gusta muchísimo…
y decidir cuidarlo antes que devorarlo.
Al final, no importa si vienes de un refugio como Monte
o de una casa con jardín como Reina.
Hay historias que hablan de amor.
Otras de valentía.
Otras de amistad, de confianza…
Y otras, como esta, de todo a la vez.
Y yo, desde mi sofá,
con mis palomitas desaparecidas toda la película
he disfrutado cada minuto.
Adiós, exploradores.
Nos vemos en la próxima aventura.
Uke ✈️🐾 explorador de día, peluche de noche



