Episodio 18: de narices implacables, tesoros enterrados y perros que valen oro
- Uke

- 30 ene
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 31 ene
Ciao, exploradores…
Aquí Uke, reportando desde el norte de Italia, en una región llamada Emilia-Romaña.
Un sitio donde la gente sale al campo muy temprano, muy concentrada…

Yo pensaba que venía a pasear.
Error.
Aquí se viene a oler profesionalmente, sin distracciones.
Esto no es una ciudad para mirar escaparates.
Es bosque, caminos y barro en las patas.
Porque aquí hay un tesoro escondido.
No brilla.
No se ve.
Pero huele TAN fuerte que pone nervioso a cualquiera con nariz.
Es la trufa. El oro negro.
Y para encontrarla… no usan tecnología.
Ni mapas.
Ni apps.
Usan perros.
Pero no cualquier perro.
Aquí nació el Lagotto Romagnolo.
Cuando lo ví pensé:
“Vale, traje de buzo rizado, cara de oso de peluche y una barba con explosión de rizos…¿qué tiene este lanudo de especial que no tengamos nosotros, los de barba aristocrática?”

Y luego entendí que estaba delante del rey absoluto de los hocicos, con una nariz que trabaja en otra dimensión.
El Lagotto es el único perro del mundo reconocido oficialmente como buscador de trufas.
EL ÚNICO.
Cuando digo único, es ÚNICO, EN EL MUNDO ENTERO.
Antes trabajaba en los pantanos recogiendo aves acuáticas. Pero un día drenaron los humedales y alguien dijo:
—Oye… este perro huele cosas que nadie más huele.
Y BOOM.
Reconversión profesional.

Desde entonces, el Lagotto busca trufas como si le fuera la vida en ello.
Desde MUY cachorro.
Implacable.
Puede detectar una trufa enterrada a casi un metro bajo tierra.
Ignora conejos.
Ignora pájaros.
Ignora TODO lo que tenga pulso.
Solo trufa. Nivel obsesión máxima.
Yo lo intenté imitar.
Resultado: encontré una raíz…dura, seca y retorcida.
Yo celebré mi talento.
Luego entendí que no era oro negro.
Era vergüenza vegetal con autoestima.
Aquí los humanos caminan detrás del Lagotto en silencio absoluto.
Nadie habla.
Nadie molesta.
Y cuando el Lagotto se para, mueve la cola más rápido y empieza a rascar con cuidado, su humano ya le está felicitando.
Ayuda con el hoyo…
y PREMIO.
Chuches frescas para el Lagotto.
No las trufas, no.
Chuches de alto valor gustativo: trozos de salchicha o queso pecorino. Delicias gourmet para cualquiera que tenga cuatro patas.
Y claro… con tanto bosque y tanto tesoro enterrado, para el Lagotto esto es un campo de trabajo, pero para mí… es una sala de juegos llena de “locales” habituales.
Ratones de campo.
Lirones.
Topos…
Si yo viviera por estas tierras…si eres roedor, mejor mudarte amiguito.
Después del bosque, llegamos a la comida.
Porque en Italia todo lo importante termina en la mesa.
En Emilia-Romaña la gente no pregunta:
“¿tienes hambre?”
Pregunta:
“¿qué pasta hacemos hoy?”
Yo no hablo italiano, pero cuando oigo tagliatelle, parmesano y trufa…me siento incluido.
En Italia la gente no come para vivir.
Vive entre comidas.
Y yo lo respeto profundamente.
Así que sello mi pasaporte canino aquí, en una mesa Italiana, entre narices que valen oro y tesoros bajo tierra.
Y pongo rumbo a mi próxima aventura…
Arrivederci, exploradores.
Uke ✈️🐾 explorador de día, peluche de noche



