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Episodio 1: De granjas, bigotes y leyendas alemanas

  • Foto del escritor: Uke
    Uke
  • 3 oct 2025
  • 2 Min. de lectura

Hallo, aventureros. Antes de empezar a trotamundear, déjame contarte de dónde sale este cuerpecito peludo que ves.


Todo empieza en el sur de Alemania, en esas postales vivientes que llaman Württemberg y Baviera. Hace muuuchos inviernos, siglos XV y XVI para ser exactos, mis ancestros corrían entre establos y campos de trigo con una misión heroica: declarar la guerra a las ratas que se zampaban el grano. Les llamaban "los cazadores de ratas" porque no dejaban cola con vida. Y sí, estos flecos en las patas y esta barba de filósofo no son puro postureo: servían de armadura antirratón. Las ratas mordían pelo, pero a la chicha ni se acercaban.


Por si fuera poco, también eran los mejores guardaespaldas de las carretas. Les avisaban si alguien sospechoso se acercaba y, según cuentan, hasta calentaban las patas de los caballos en invierno haciéndoles cucharita (multitarea de la buena).


Con los años alguien pensó: "¡Oye, qué tal si los hacemos en todos los tamaños!" y así nacimos en versión gigante, mediano y mini,  la divertida que soy yo. Lo que no cambió fue el combo imbatible de inteligencia + valentía + lealtad. Tanto, que en la Primera Guerra Mundial mis primos medianos llevaron mensajes secretos entre trincheras. Dicen que si el sobre olía a salchicha llegaba aún más rápido.


¿Pruebas de nuestra fama? Pásate por Stuttgart y busca la fuente Nachtwächterbrunnen (no te preocupes, yo tampoco lo pronuncio a la primera). Allí verás al vigilante nocturno del siglo XVI con su linterna… y a su lado un schnauzer igualito a mí, pecho en pompa y barba al viento. Desde 1900 somos escultura oficial; casi ná.


Imagen: Nachtwächterbrunnen en Stuttgart, Halmhuber/Fremd 1899 — Autor: Tschogibussi, CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.
Imagen: Nachtwächterbrunnen en Stuttgart, Halmhuber/Fremd 1899 — Autor: Tschogibussi, CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

Así que, si alguna vez te preguntas por qué camino con esa mezcla de nobleza y descaro, ya lo sabes: llevo siglos de historias en cada bigote.


Ahora sí, cierra la mochila, sujeta bien tu pasaporte canino y prepárate: en el próximo capítulo saltamos del viejo sur de Alemania a nuestro primer destino exótico. Pista: huele a especias y suena a tambores.


Tschüss, exploradores. Bis bald!


Uke ✈️🐾

 
 
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