Episodio 9: de bigotes nobles, estatuas que hablan y tierras australianas
- Uke

- 28 nov 2025
- 3 Min. de lectura
G’day, aventureros!
Aquí Uke, despeinado por la brisa del Pacífico, reportando desde un rincón del mundo donde el sol brilla fuerte, los árboles huelen a eucalipto y los animales parecen sacados de un cuento fantástico.
He llegado a Sydney, ciudad de playas infinitas, ópera con forma de velas gigantes… y una estatua que me ha tocado la barba: Islay, el terrier favorito de la Reina Victoria.
Resulta que Islay era un Skye Terrier con corazón real, pequeño pero elegante, con un porte más noble que un lord inglés. Acompañaba a la Reina Victoria en su época de soltera, y dicen que era su sombra, su confidente y su alegría peluda. Parece ser, que la reina le dibujaba ella misma y hablaba en su diario todos los días contando las travesuras de Isley y sus avances en su adiestramiento…si estuvieran aquí hoy en día, tendrían un blog como este y sentirían el mundo en sus patas.
Y cerca de la propia estatua de la Reina Victoria, al lado de ese edificio tan señorial donde dos relojes marcan horas distintas, está Islay sentado sobre sus patas traseras, eterno y atento…
Atento para pedir unas monedas, porque por lo visto la reina le enseñó a pedir chuches con esa postura y ahí le tenemos, con su pose favorita, mendigando hasta la eternidad.
Yo también sé pedir chuches… tengo que entrenar la técnica de levantar las dos patas delanteras a ver si me funciona mejor, pero es que soy más de pedir estático, relamiéndome ya saboreando sólo con el olor, y con la mirada fija.
Desbordando pura presencia schnauzer en todo mi espacio.
Lo más curioso de Islay es que… habla.
Sí, sí, habla.
Dice que ha recibido el don de la palabra gracias a las buenas obras que ha realizado por los niños sordos y ciegos. Una placa con un mensaje grabado cuenta que está allí para ayudar a estos niños de una asociación cercana, y pide que quien pase deje una moneda “para que su voz siga escuchándose”.
Un héroe de bronce pequeño, discreto y lleno de bondad.


Aparte de Islay, me he estado documentando como buen explorador.
Australia es famosa por sus criaturas raras… pero yo me he interesado por algo más familiar: los ratones.
Hace solo unos años, una plaga hizo temblar a los granjeros cercanos a Sydney. Las granjas vivieron un verdadero apocalipsis ratonil: miles y miles corriendo por establos, silos, paredes, tejados… como una alfombra viva de bigotes y colas en concierto.
Un horror para los humanos.
Pero para un schnauzer…
Digamos que habría sido el campo de entrenamiento soñado hecho realidad.
Yo ya me imaginaba organizando una brigada de élite:
“Unidad Schnauzer Antirratón, formación de bigote. ¡Marchen!”
Pero tranquilos, aventureros, que hoy no vengo a salvar graneros. Estoy de turismo y mi barba necesita descanso.
Me he ido a pasear por el muelle de la icónica Ópera de Sydney hasta el Puente de la Bahía. Aquí hay humanos que se atreven a escalar el gran arco de acero desde primeras horas del día hasta que cae la noche.
Yo también soy de escalar, pero lo mío son las rocas, los montes y los árboles bajos. Subirse a un arco de acero encima del mar… no te creas que me gustarían las vistas. Tiene pinta de mucha profundidad esa masa de agua. Creo que prefiero sentir tierra bajo las patas.
Durante el paseo he tenido compañía: le he hecho gracia a un pájaro de por aquí, Kookaburra se llamaba, y el tío no ha parado de reírse de mí… o conmigo, no lo tengo claro. Al final me ha contagiado la risa y hemos pasado un buen rato.
Me ha contado que simboliza el espíritu alegre y la fortaleza de la vida silvestre australiana.
"Ey colega… te has ganado mi admiración". Eso es mucho decir viniendo de un schnauzer.

Australia es así: un sitio donde cada criatura parece tener una historia secreta y un talento extraño.
Ahora, con el alma un poquito más noble tras conocer a Islay, me he detenido a descansar en un café llamado "Huesos", con menú para nosotros. Creo que voy a probarlo todo para recargar fuerzas… y planear mi próxima aventura.
En unas horitas de vuelo podría plantarme en un mercadillo navideño… tengo algunas compras que hacer, pero antes,
"Un puppaccino, por favor".
Hooroo, aventureros. ¡See ya soon!
Uke ✈️🐾 explorador de día, peluche de noche



