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Episodio 5: de bigotes finos, botas de vino y colas elegantes

  • Foto del escritor: Uke
    Uke
  • 30 oct 2025
  • 2 Min. de lectura

¡Hola hola, aventureros! Aquí Uke, reportando desde el sur del sur: Jerez de la Frontera. Tierra de sol, de guitarras con duende que suenan solas y de calles donde hasta las piedras huelen a vino.


He venido a un evento muy especial, una exposición canina donde las barbas brillan y los collares relucen, pero antes de pisar la pista, he decidido recorrer la ciudad.


Pronto descubrí que aquí nació una raza con carácter, tenacidad y una habilidad a la altura de su historia: el Ratonero Bodeguero Andaluz.


Torsten Dickmann / CC BY-SA 3.0 DE
Torsten Dickmann / CC BY-SA 3.0 DE

Solo con el nombre ya sé que es de los míos, y con verle la cara lo confirmo: un pequeño cazador de mirada lista y patas rápidas, criado entre botas de vino y barricas, con una misión clara: mantener las bodegas libres de ratas.


Dicen que en las bodegas de Jerez no solo envejece el vino, también las historias. Entre barricas y sombras de roble, estos bodegueros andaluces corrían tras las ratas con la misma pasión con la que aquí se pisa la uva.


Rápidos, valientes y con más energía que un tambor flamenco, estos perros no solo defendían el vino, sino también la reputación de toda la ciudad. Lo entiendo bien: entre cazadores de roedores nos reconocemos. Somos héroes frente a supervillanos. Si yo hubiera nacido aquí, seguro me llamarían “Uke el bodeguero barbudo”.


Aunque su cuerpo sea pequeño, su orgullo tiene el tamaño de un toro bravo. Es, ni más ni menos, patrimonio cultural inmaterial de Jerez, al mismo nivel que el flamenco está.


Y hablando de arte… no podía irme sin visitar la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre.

Aquí los caballos bailan como si entendieran la música, los jinetes se mueven con elegancia de otra época y el aire se llena del ritmo de cascos bailando sobre la arena


Entre relinchos y aplausos, me imaginé trotando a su lado, con mi barba al viento, claro. Aunque confieso que mi paso es más de trote corto y olisqueo pausado.


Me espera un fin de semana de desfiles de campeones de cuatro patas, de todos los tamaños y colores. A ver si se me pega algo de esos aires y buen estar de todos los participantes. Y de paso, aprovecharé para olisquear nuevas chuches y complementos.


Si veo una rata por aquí, prometo no interrumpir el espectáculo… salvo que me guiñe un ojo y me rete. Profesionalidad ante todo.


Ahora, con el eco de una guitarra y el alma llena de duende, sello mi pasaporte canino y pongo rumbo a mi próxima parada.

 

¡Hasta luego, miarma! y que los bigotes os acompañen, aventureros

 
 
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