Episodio 3: de colinas, colas y cielos estrellados neozelandeses
- Uke

- 16 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Kia ora, exploradores. Hoy he llegado a un lugar donde las montañas tocan las nubes, las estrellas tienen nombre propio y los perros pastores son leyenda.
Aquí Uke, con el pelaje lleno de polvo de estrella y la nariz lista para olfatear historias entre montañas, lagos y cielos más brillantes que un collar de luciérnagas.
He oído que me necesitan en este país. Resulta que las ratas no son bienvenidas y han declarado una misión nacional para erradicarlas. ¡Por fin alguien entiende la magnitud del problema! Si necesitan refuerzos, los schnauzers estaremos listos para servir: entrenamiento ancestral y bigote de combate incluidos.
Antes de ponerme a trabajar, he parado a orillas del lago Tekapo, donde se alza un guardián de piedra. Una estatua de las que me gustan a mí: la estatua en memoria de los collies.
No es solo un perro tallado en bronce; es un homenaje a los pastores escoceses y a los compañeros de cuatro patas que hicieron posible explorar las tierras altas de esta Isla del Sur y pastorear a los millones de ovejas que habitan aquí (dicen que hay más ovejas que personas, y eso significa mover montañas de lana).
Allí está, firme y orgulloso, como si aún vigilara las ovejas que salpican las colinas.

Las aguas turquesa del Tekapo deben su color al polvo de roca que los glaciares dejaron atrás, una especie de harina brillante que convierte cada ola en un reflejo del cielo. Y cuando cae la noche, la oscuridad es tan pura que cada punto de luz brilla con fuerza propia.
Imagínate: yo, un schnauzer barbudo, tumbado panza arriba bajo la Vía Láctea, contando estrellas en lugar de ovejas.
Dicen que las nieves de estas montañas, hablan con el viento. Y yo me pregunto qué se dirán…Los maorí, primeros habitantes de estas islas, creen que todo tiene un espíritu, un mana que late dentro de cada río, cada montaña y cada soplo de aire. Quizás sea eso lo que oigo: el idioma secreto de la tierra. Intento sentirlo, dejando que el viento me despeine y que la tierra tiemble bajo mis patas, como si bailara un haka.
Es fuerza, respeto y conexión: una conversación entre el alma y el mundo.

Así es Nueva Zelanda: tierra de pastores, de mitos vivos y de cielos que parecen eternos.
Ahora, con la barba iluminada por estrellas y el corazón lleno de mana, sello mi pasaporte canino y pongo rumbo a una metrópoli de película, llena de rascacielos y bocados callejeros.
Ka kite anō, aventureros. Kia tau tō hari!
Uke ✈️🐾 explorador de día, peluche de noche



