Episodio 11: de flores vivas, bigotes curiosos y guardianes bilbaínos
- Uke

- 12 dic 2025
- 3 Min. de lectura
¡Kaixo, aventureros!
Hoy estoy con la barba al viento y el olfato en modo “arte moderno”.
He llegado a Bilbao, un lugar donde la ría huele a historia, el titanio brilla como escamas doradas y, para sorpresa de mis cejas… ¡te recibe un perro gigante hecho de flores!
Sí, sí… lo habéis oído bien.
Mi aventura empieza frente a Puppy, el cachorro más descomunal que he visto jamás.

Dicen que es un West Highland Terrier, pero versión XL, con 40.000 flores vivas y un sistema de riego interno que ya quisiera yo para mi barba en verano. Cambia de colores según la estación y tiene una presencia que te deja la cola inmóvil.
Puppy simboliza fidelidad y alegría y transmite optimismo y confianza.
Los Westie y los schnauzer tenemos cosas en común, somos de la gran familia terrier y los dos somos, valientes, alegres y vigilantes por naturaleza.
Aunque… él huele a flores frescas y yo a explorador aventurero. Supongo que cada bigote tiene su encanto.
Puppy vigila la ciudad desde su puesto: no se le escapa ni una foto.
Por aquí dicen que no es solo la mascota del museo… es la mascota de Bilbao. Y que, en realidad, el Guggenheim se construyó para ser su caseta.
¿Quién iba a decir que un cachorro iba a vivir en una mansión de titanio? Menudo nivelón.
Y no solo tiene caseta. Tiene todo un “paquete deluxe” digno de un perro estrella:
un jardín de tulipanes gigantes, llenos de colores. No sé si Puppy tendrá que regarlos él mismo, pero yo que él, pediría un jardinerito personal.
montones de esferas de acero enormes, perfectas como pelotas para perseguir… aunque reflejan tanto que lo primero que he hecho ha sido ladrarme a mí mismo. Aquí las llaman “el Árbol” y “el Ojo”, pero para mí siguen siendo juguetes XXL.
y hasta un paseo de niebla, que aparece y desaparece como si estuvieras metido en una película de aventuras. Un poco más y salgo diciendo: “¡acción!”
Normal que Puppy esté feliz… ¡si tiene más entretenimiento que un agility!
También tiene una compañera de vigilancia: Mamá, una araña monumental que impresiona solo con mirarla. La artista la creó en homenaje a su madre, que era tejedora, protectora y fuerte. Sus patas son enormes y, aun así, tan finas que parece que podrían romperse… y crea un espacio que desde fuera parece una jaula, pero cuando entras debajo te sientes sorprendentemente protegido, como en tu cama a la hora de dormir.

El Guggenheim me ha dejado sin palabras.
Parece mentira que naciera en una simple servilleta de cóctel. Míralo ahora: un pez gigante de titanio que cambia de color según el tiempo y la hora.
Me pregunto cuántas ideas increíbles habrán empezado igual, en una servilleta cualquiera…

Pero no todo podían ser flores y titanio.
Cerca del museo escuché decir “¡sagutxos!” (ratoncitos)
Parece que han tenido que hacer campañas de desratización por la zona.
Tranquilos, aventureros: un ejército schnauzer habría solucionado eso en dos rondas… con elegancia profesional, por supuesto.
Y para terminar, lo esencial: comer. Un pintxo de chuletón sin sal y uno de bacalao… sin cebolla, por favor, que dicen que me sienta regulín.
Ahora, con la barba llena de colores, historias y arte que ni entiendo ni falta que hace, sello mi pasaporte canino.
Mi próxima aventura me llevará otra vez a un lugar frío, muy frío… voy a coger el jersey de nieve por si acaso.
Agur, exploradores. Laster arte!



